Operamos en 2 regiones
Los Ríos y Los Lagos
Ejecutamos aplicaciones fitosanitarias, fertilizaciones, análisis multiespectrales, fotogrametría, entre otros servicios.
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Agricultura de precisión
Fertilizaciones, plaguicidas, y siembras al voleo
Fotos aéreas (ortomosaicos) y análisis multiespectral

Si una aplicación no es lo que su campo necesita, se lo decimos. Preferimos una conversación clara a una venta fácil.
El trabajo se mide por el resultado, no por el horario. Si hay que madrugar o volar de noche para hacerlo bien, lo hacemos.
Antes de actuar, estudiamos: el cultivo, el terreno, el problema. Ese mismo cuidado lo aplicamos en una fumigación, un mapeo o una asesoría.
Medimos nuestro trabajo por los resultados que usted obtiene, no por las hectáreas que sobrevolamos.
Aplicaciones ULV que ahorran agua, dosis variables que reducen el uso de agroquímicos, y técnicas que cuidan la estructura del suelo.
Invertimos en equipos y en I+D para seguir desarrollando y ofreciendo servicios innovadores y de utilidad para nuestros clientes.
Buscamos activamente un entorno humano y un trato digno al interior de nuestro equipo, con nuestros clientes y proveedores, y en general con todo el entorno en que trabajamos.

Controle sus plagas de forma eficiente. Aplicaciones líquidas entre 20 lt/ha y 100 lt/ha.

Aplicamos fertilizantes y bioestimulantes, en formato granulado (desde 3 kg/ha hasta 200 kg/ha) y líquido.

Generamos fotografías aéreas, ortomosaicos, y mapas multiespectrales. Esto se usa para tomar desiciones mejor informadas y para generar estrategias de aplicación variable.
La decisión correcta depende del terreno, la ventana climática, el cultivo y el tipo de intervención.
Un dron agrícola es un equipo de mayor tamaño y capacidad de carga, diseñado para pulverizar líquidos o esparcir productos sólidos sobre el cultivo con navegación GPS de alta precisión. A diferencia de un dron de fotografía o recreativo, está pensado para trabajar: lleva estanques, boquillas y sistemas de dosificación, y su vuelo se planifica según el terreno y el tipo de aplicación.
En prácticamente cualquier cultivo: praderas, papa, maíz, raps, frutales pequeños (como berries), frutales mayores (como avellano europeo y cerezos) y plantaciones forestales, entre otros. Es especialmente eficiente en frutales, donde no está obligado a transitar “entre hileras” (como el tractor) con toda la logística que eso implica en tiempos de cosecha (despejando las zonas para permitir el libre tránsito de maquinaria terrestre).
No compiten, se complementan. El dron es la mejor opción en terrenos con pendiente o difícil acceso, en praderas muy blandas (por ejemplo, en invierno), en aplicaciones pequeñas y homogéneas, en frutales menores con mojamientos moderados, y en plantaciones forestales de gran altura. El tractor sigue siendo eficiente en superficies grandes, planas, de fácil acceso y con terreno firme. La decisión correcta depende del terreno, la ventana climática, el cultivo y el tipo de intervención.
Aplicamos tanto líquidos como sólidos. En formato líquido: plaguicidas, bioestimulantes y fertilizantes foliares, entre 20 y 100 litros por hectárea. En formato sólido (granulado): fertilizantes, molusquicidas y semillas para repoblamiento (por ejemplo, trébol), entre 4 y 200 kilos por hectárea, según el producto y el objetivo.
Sí, siempre que el vuelo esté bien calibrado para el producto, la dosis y el cultivo. Los drones agrícolas actuales pulverizan con tamaños de gota y flujos ajustables que permiten un cubrimiento homogéneo, y su vuelo a baja altura reduce la deriva del producto en comparación con otros métodos de aplicación aérea.
Es aplicar distintas dosis dentro de un mismo potrero según la necesidad real de cada sector, en vez de una dosis uniforme para todo el terreno. Para definir esas zonas usamos los mapas multiespectrales del propio campo. Bien ejecutada, esta estrategia permite ahorros de hasta 10% en fertilizantes y hasta 60% en plaguicidas, sin perder eficacia de la aplicación.
Sí. Es una de las aplicaciones donde el dron marca más diferencia: la siembra al voleo de cultivos de rotación. Un caso típico es sembrar avena o ballica sobre un potrero de maíz un mes antes de la cosecha, lo que permite ganar tiempo de germinación durante el barbecho y sumar materia seca adicional al predio.
Es una fotografía aérea de alta resolución de todo el predio, construida a partir de muchas fotos individuales tomadas por el dron y unidas digitalmente. Sirve para medir superficies con exactitud, planificar accesos, detectar problemas de drenaje o erosión, y como base visual para tomar decisiones de manejo.
La cámara multiespectral capta información que el ojo humano no ve, como el infrarrojo cercano, además de la luz visible. Con esos datos se calculan índices de vegetación como el NDVI, que muestran el vigor y la salud de las plantas en cada punto del potrero. Esto permite detectar zonas con estrés hídrico, nutricional o sanitario antes de que sean visibles a simple vista.
Depende del objetivo. Para decisiones puntuales, como definir una fertilización a tasa variable, basta con un vuelo en el momento clave del cultivo. Para monitorear la evolución de un potrero durante toda la temporada, recomendamos vuelos periódicos en las etapas más relevantes: emergencia, desarrollo vegetativo y antes de cosecha, ajustando la frecuencia según el cultivo.
Sí, es una actividad regulada. Requiere que la empresa y sus pilotos cuenten con las autorizaciones de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) para operar el dron, además de la acreditación del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) como aplicadores de plaguicidas. En Glaube contamos con ambas certificaciones.
Además de las certificaciones propias del piloto (Carnet de piloto DGAC y carnet de aplicador SAG), una empresa de aplicación de plaguicidas mediante drones debe contar con la correspondiente Resolución Sanitaria emitida por la Seremi de Salud y con la certificación AOC emitida por la DGAC. Estas certificaciones garantizan que la operación cumple con los estándares de seguridad aérea y de manejo de productos fitosanitarios exigidos en Chile.
En varios aspectos es más seguro que los métodos tradicionales: reduce la exposición directa de los operarios al producto, ya que no es necesario recorrer el cultivo aplicando manualmente, y su precisión disminuye el desperdicio y la deriva hacia zonas no objetivo.
Principalmente de la superficie a tratar (por las economías de escala), el tipo de aplicación (líquida o sólida) y el volumen a aplicar (por su impacto en la productividad del dron). Cada servicio se cotiza según las condiciones reales del predio, buscando siempre la excelencia y una relación de largo plazo con nuestros clientes.
Un área despejada para el despegue y aterrizaje del dron, acceso vehicular al predio, una fuente de agua cercana si la aplicación lo requiere (solo en caso de que la aplicación total requiera más de 1.000lts, ya que si no es así nosotros proveemos el agua), claridad sobre los límites del potrero a tratar, y tener disponibles en el predio los productos a aplicar.